El consumo de drogas afecta gravemente la capacidad para conducir de forma segura. En primer lugar, reduce la concentración, lo que dificulta reaccionar rápidamente ante situaciones en el tráfico. Además, provoca una percepción incorrecta de las velocidades y distancias, haciendo que se calculen mal los tiempos y espacios necesarios para maniobrar. Finalmente, las drogas aumentan la propensión al riesgo, lo que puede llevar a tomar decisiones peligrosas, como acelerar excesivamente o ignorar señales de tráfico. Por eso, conducir bajo la influencia de drogas está estrictamente prohibido y es una causa frecuente de accidentes.